El Nou Camp d’Inca vivió una noche inolvidable. Doce años después, la Copa del Rey regresaba al estadio mallorquín, y lo hacía con un invitado de lujo: el Girona, uno de los grandes de Primera División. Cuarenta años habían pasado desde la última vez que Inca recibía a un equipo de la máxima categoría, y el reencuentro estuvo a punto de convertirse en una hazaña histórica. El conjunto de Guillem Llaneras se dejó el alma para mirar de tú a tú a un rival que compite cuatro escalones por encima. El marcador final, 2-3 tras una prórroga agónica, no refleja del todo la valentía y el corazón del Constància, que hizo temblar al equipo de Míchel y emocionó a los más de 4.000 aficionados que llenaron el estadio.
Alineaciones
CE Constància: Pau Seguí; Joan Gaya, Mateo Garcias, Miquel Buades, Damià Ramos, Pau García; Toni Ramis (73′ Joan Antoni Socias), Marc Ramon (73′ Pau Oliver), Nico Baleani (73′ Jaume Estrany), Tomeu Horrach (96′ Lluc Jhardi); Mateu Ferrer (15′ Iker Sampedro (40′ Iván Ojeda))
Girona FC: Krapyvtsov; Hugo Rincón, Salguero, Vitor Reis (59′ Arnau Martínez), Papa Ba; Aspirilla (75′ Vanat), Lass, Portu (59′ Tsygankov), Jhon Solís (91′ Iván Martín), Abel Ruíz (65′ Bryan Gil); Stuani (75′ Lemar)
El inicio fue esperanzador para los locales, muy sólidos atrás y atrevidos en la presión. A pesar del dominio del balón del Girona, los mallorquines lograron mantener el orden y alejar el peligro. Sin embargo, el partido se torció con la lesión de Mateo Ferrer, su referencia ofensiva, que tuvo que abandonar el campo por un golpe en el brazo. Iker Sampedro entró en su lugar, pero poco después también se vio obligado a retirarse por problemas físicos, lo que dejó al Constància momentáneamente con diez jugadores.
Esa circunstancia fue aprovechada por el Girona: Portu filtró un pase al espacio y Stuani, letal como siempre, abrió el marcador con frialdad. Antes del descanso, Abel Ruiz estuvo a punto de aumentar la ventaja con un remate al palo tras un centro de Asprilla, pero el 0-1 se mantuvo al descanso, con el público ovacionando a los suyos por el esfuerzo.
Tras el paso por vestuarios, el guion no cambió demasiado. El Girona trataba de imponer su calidad, pero el Constància se mantenía firme y no renunciaba al ataque. Toni Ramis tuvo la ocasión más clara para los locales, pero el meta Krapyvtsov evitó el empate con una gran intervención. Aquello encendió de nuevo a la grada, que empujaba a su equipo con una fe desbordante.
Míchel, visiblemente incómodo, decidió recurrir a su banquillo de lujo, introduciendo a Arnau Martínez, Tsygankov, Bryan Gil, Vanat y Lemar. Pero el empuje de los cambios no desanimó a los locales. De hecho, el esfuerzo del Constància encontró su premio: una preciosa jugada colectiva terminó con un taconazo de Horrach hacia Joan Socias, que fusiló al portero y provocó la explosión del Nou Camp d’Inca. El sueño era real: 1-1 y el partido encaminado a una prórroga que ya era historia para el equipo mallorquín.
El Girona pudo evitar el tiempo extra con un remate de Arnau que Pau Seguí salvó de manera milagrosa. Aquella parada se celebró como un gol y selló el pase al tiempo añadido. Inca ya había ganado, aunque aún quedaban emociones por vivir.
En la prórroga, la diferencia física empezó a notarse. Tsygankov adelantó a los catalanes justo antes del descanso del tiempo extra con un disparo ajustado tras una rápida combinación. El tanto cayó como un jarro de agua fría, pero el Constància no se rindió. Vanat hizo el 1-3 en la segunda parte, y aunque parecía todo decidido, Pau García reavivó la ilusión con un trallazo que supuso el 2-3 a un minuto del final. No hubo tiempo para más.
La gesta no se consumó, pero el orgullo de Inca quedó intacto. El Constància se despidió de la Copa entre aplausos, habiendo demostrado que el corazón, la fe y el trabajo pueden hacer que un equipo humilde ponga contra las cuerdas a un rival de Champions.


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